Especialmente singular es la riqueza de sus bosques y las posibilidades de ocio sano que éstos albergan en cualquier estación del año. Amén del placer sensorial que supone adentrarse en cualquiera de ellos, plagados de antiguos ejemplares de árboles autóctonos, son numerosas las aficiones que podemos desarrollar en su entorno. Vamos a conocer dos de ellas que nos han llamado poderosamente la atención y que encuentran en el concejo de Boal el marco idóneo para su práctica.


Turismo ornitológico, también llamado “turismo de observación de aves”. La diversidad en la orografía de los bosques boaleses, favorece que, a lo largo del año sea posible ver y, sobretodo, fotografiar,  una gran variedad de especies. Así, podemos admirar, dependiendo de la zona y de la época del año,  los majestuosos vuelos de halcones ,buitres, azores y gavilanes, los primorosos trinos de avecillas cantoras de menor porte, como el mirlo, el petirrojo, la oropéndola o el zorzal o, si la suerte nos acompaña, el elegante porte del urogallo, el águila  o el búho real.


Turismo de recolección. Aunque la modalidad más extendida de este tipo de turismo sea el micológico (recogida de setas), los bosques de Boal son especialmente propicios para un sinfín de actividades recolectoras. En cada estación del año, el bosque nos ofrece diferentes frutos y hierbas con que complementar y dar un toque especial a nuestras recetas. Así, en primavera, comienzan a madurar las pequeñas fresas silvestres, exquisitas, que concentran en su diminuto cuerpo todo el sabor y dulzura que difícilmente encontraremos en las frutas “comerciales” así como tiernos brotes de plantas como el diente de león, apreciadísimo en algunas zonas para preparar ensaladas; en verano, arándanos y moras con los que preparar deliciosas mermeladas y tartas caseras; el otoño es tiempo  de frutos secos: castañas, avellanas, nueces y cómo no, setas tan apreciadas como el boletus edulis o los níscalos; cuando llega el invierno, habremos de conformarnos con los excedentes otoñales tardíos...o aventurarnos en los bosques de madroños, con este fruto se prepara un delicioso licor tradicional. Si a esto añadimos la gran variedad de hierbas aromáticas silvestres que podemos encontrar a poco que miremos (orégano, hinojo,romero, etc), no sería descabellado decir que es el de Boal, “un bosque para comérselo”.


Turismo mineralógico. Buscar y recoger pequeños minerales que por su morfología, geometría, colores, etc, resultan piezas únicas con que componer una colección. La práctica de esta singular afición reporta en Boal importantes alegrías a quienes la practican. Se trata de una zona de inmenso valor mineralógico, siendo relativamente fácil encontrar muestras de scheelita, piritas en piñas de cristales, bertranditas, fluorita y otros minerales de menor interés coleccionístico, como arsenopirita o casiterita, amén de  abundantes y bellísimos cuarzos, hialinos, cristalinos, y ahumados, con cristales cuyo tono varía del amarillo cuasi citrino al castaño oscuro, casi negro. Mención aparte merece el  mineral al que los antiguos peregrinos del Camino de Santiago llamaban  lapis crucifer, la andalucita o quiastolita, que aparece con gran profusión en caminos, especialmente de la zona de Doiras, encajada siempre en pizarra, y que, al corte, de ahí su antiguo nombre, deja ver su  característica cristalización en forma de cruz. En torno a este mineral, usado como amuleto desde la antigüedad, florece parte de la artesanía local, siendo frecuente encontrar en los negocios locales, joyas elaboradas tales como pulseras, colgantes, anillos, etc., conviertiéndose así en uno de los símbolos distintivos y más singulares de la comarca.

Bosques como el de Las Viñas, Froseira, Cabanas Trabazas o el de Vega de Ouria, constituyen una fuente de riqueza natural que nunca deja impasible a quien los visita, rinconces mágicos alejados de la masificación que conservan intacto todo su encanto. Rincones para visitar, siempre, con los cinco sentidos.

 
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Textos: Loreto Castaedo

Fotografía: Andrés Molina

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Boal,

bosque activo

Boal es el lugar perfecto para disfrutar del turismo rural en su esencia más pura. Una propuesta vacacional que, año tras año, gana más adeptos: naturaleza, deportes, restos arqueológicos, historia y gastronomía, hacen de este bello rincón del occidente asturiano una combinación perfecta que atrae tanto a turistas de cercanía como a foráneos. Un turismo que busca el contacto con la naturaleza sin renunciar a las comodidades básicas del día a día y que llega atraído por las más numerosas posibilidades que esta pequeña villa asturiana ofrece.

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